Son 7 los Eternos. Los que existen desde el comienzo de los tiempos. No son dioses. Pero son inmortales. Son una fuerza absoluta que siempre existió, existe y existirá:
Deseo Desespero Destino Delirio Sueño Muerte
Destrucción renuncio a sus deberes.
Deseo es de altura media. Es poco probable que ningún retrato pueda hacer justicia a Deseo, ya que verla (o verlo) es amarlo (o amarla)... apasionadamente, dolorosamente, hasta la exclusión de todo lo demás.
Deseo huele casi subliminalmente a melocotones de verano, y proyecta dos sombras: una negra y bien perfilada, la otra traslúcida y siempre vacilante, como el reflejo del calor.
Deseo sonríe en breves destellos, como la luz del sol brillando sobre el filo de un cuchillo. Y hay muchas más cosas en Deseo que pueden compararse a un cuchillo.
Nunca una posesión, siempre la poseedora, de piel tan pálida como el humo, y ojos leopardo y afilados como vino amarillo; Deseo es todo cuanto has querido siempre.
Seas quien seas.
Seas lo que seas.
Todo.
Desespero, hermana gemela de Deseo, es reina de su propio territorio. Se dice que en el dominio de Desespero hay esparcidas multitud de pequeñas ventanas, colgadas en el vació.
Cada ventana contempla una escena diferente, y es, en nuestro mundo, un espejo. A veces mirarás a un espejo y sentirás los ojos de Desespero sobre ti, sentirás su gancho anclarse en tu corazón.
Su piel es fría, y viscosa; sus ojos son de color de cielo, en esos días grises y húmedos que despojan al mundo de color y sentido; su voz es poco más que un suspiro y, aunque no tiene olor, su sombra huele ácida, a almizcle, como la piel de una serpiente.
Hace muchos años, una secta en lo que ahora es Afganistán, la declaró diosa y proclamó que todas las habitaciones vacías eran sus lugares sagrados. La secta, cuyos miembros se hacían llamar los No Perdonados, persistío dos años, hasta que su último seguidor al fin se mató, despúes de sobrevivir casi siete meses a los demás miembros.
Desespero habla poco, y es paciente.
Destino es el más viejo de los Eternos; al Principio había el Verbo, que fue trazado a mano en la primera página del libro, antes de que fuera pronunciada.
Destino también es el más alto de los Eternos, para los ojos mortales.
Algunos le creen ciego; mientras otros, quizá con mayor razón, dicen que ha viajado mucho más allá de la ceguera, que, de hecho, no puede hacer más que ver; que ve las delicadas líneas que dejan las galaxias al moverse por el vacío, que observa los intricados dibujos que los seres vivos hacen en su viaje a través del tiempo.
Destino huele a polvo y a las bibliotecas de la noche.
Sus pies no dejan huella.
No proyecta sombra.
Delirio es la más joven de los Eternos.
Huele a sudor, a vinos agrios, a noches largas, a cuero viejo.
Su reino es cercano, y puede visitarse; pero las mentes humanas no fueron hechas para comprender su dominio, y los pocos que han hecho el viaje han sido incapaces de describir más que diminutos fragmentos de él.
El poeta Coleridge decía haberla conocido íntimamente, pero el hombre era un mentiroso redomado, y en esto, como en tanto otro, debemos dudar de su palabra.
Su apariencia es la más variable de todos los Eternos, quienes, en el mejor caso, son ideas vestidas con la apariencia de la carne. La forma y perfil de su sombra no guarda relación con ninguno de los cuerpos que viste, y es tangible, como terciopelo viejo.
Algunos dicen que la tragedia de Delirio es saber que, a pesar de ser más anciana que los soles, que los dioses, siempre será la más joven de los Eternos, que no miden el tiempo como hacemos nosotros, ni ven los mundos a través de ojos mortales.
Otros niegan esto, y dicen que Delirio no posee tragedia alguna, pero hablan sin pensar.
Porque Delirio fue antes Delicia. Y aunque eso fue hace mucho, incluso hoy sus ojos están desparejados: un ojo es de un vívido verde esmeralda, manchado de puntos de plata que se mueven; su otro ojo es azul, como una vena.
¿Quién sabe lo que ve Delirio, a través de sus ojos desparejados?
Sueño de los Eternos: ah, aquí tenemos una adivinanza.
En este aspecto ( y sólo percibimos aspectos de los Eternos, de la misma manera que vemos brillar la luz de una sola y pequeña faceta de una enorme y perfectamente tallada piedra preciosa), es delgado como un hilo con la piel del color de la nieve que cae.
Sueño acumula nombres como otros hacen amigos; pero se permite pocos amigos.
Si se siente cercano a alguien, es a su hermana mayor, a quién sólo ve raramente.
Oyó hace tiempo, en un sueño, que un día cada cien años Muerte toma carne mortal, para comprender mejor lo que sienten las vidas que ella se lleva, para probar el gusto amargo de la mortalidad: que este es el precio que debe pagar por ser quien divide a los vivos de cuanto ha ocurrido antes, de cuanto debe venir despúes.
El medita sobre esta historia, pero nunca le ha preguntado si es cierta. Quizá teme que ella responda.
De todos los Eternos, excepto quizá Destino, es el más conciente de sus responsabilidades, el más meticuloso en su ejecución.
Sueño proyecta una sombra humana, cuando le place hacerlo.
Y luego está Muerte.

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